𝑺𝑨𝑵 𝑱𝑶𝑺É 𝑴𝑶𝑫𝑬𝑳𝑶 𝑫𝑬 𝑪𝑶𝑵𝑭𝑰𝑨𝑵𝒁𝑨 𝑬𝑵 𝑫𝑰𝑶𝑺
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𝑺𝑶𝑳𝑬𝑴𝑵𝑰𝑫𝑨𝑫 𝑫𝑬 𝑺𝑨𝑵 𝑱𝑶𝑺É
𝑴𝒊é𝒓𝒄𝒐𝒍𝒆𝒔 19 𝒅𝒆 𝒎𝒂𝒓𝒛𝒐
𝑪𝒖𝒂𝒓𝒕𝒂 𝑺𝒆𝒎𝒂𝒏𝒂 𝒅𝒆 𝑪𝒖𝒂𝒓𝒆𝒔𝒎𝒂𝑳𝒂 𝑪𝒖𝒂𝒓𝒆𝒔𝒎𝒂
𝒆𝒔 𝒖𝒏 𝒕𝒊𝒆𝒎𝒑𝒐
𝒅𝒆 𝒄𝒐𝒏𝒗𝒆𝒓𝒔𝒊ó𝒏,
𝒅𝒆 𝒆𝒔𝒄𝒖𝒄𝒉𝒂
𝒚 𝒅𝒆 𝒄𝒐𝒏𝒇𝒊𝒂𝒏𝒛𝒂
𝒆𝒏 𝑫𝒊𝒐𝒔.𝑬𝒏 𝒆𝒔𝒕𝒆 𝒄𝒂𝒎𝒊𝒏𝒐 𝒆𝒔𝒑𝒊𝒓𝒊𝒕𝒖𝒂𝒍
𝒍𝒂 𝒇𝒊𝒈𝒖𝒓𝒂 𝒅𝒆 𝑺𝒂𝒏 𝑱𝒐𝒔é
𝒃𝒓𝒊𝒍𝒍𝒂 𝒄𝒐𝒎𝒐 𝒖𝒏 𝒆𝒋𝒆𝒎𝒑𝒍𝒐
𝒅𝒆 𝒇𝒆 𝒔𝒊𝒍𝒆𝒏𝒄𝒊𝒐𝒔𝒂
𝒚 𝒑𝒓𝒐𝒇𝒖𝒏𝒅𝒂.🌿 𝑷𝒂𝒓𝒂 𝒗𝒊𝒗𝒊𝒓 𝒉𝒐𝒚𝑺𝒂𝒏 𝑱𝒐𝒔é
𝒓𝒆𝒄𝒊𝒃𝒊ó 𝒖𝒏𝒂 𝒎𝒊𝒔𝒊ó𝒏
𝒒𝒖𝒆 𝒏𝒐 𝒄𝒐𝒎𝒑𝒓𝒆𝒏𝒅í𝒂
𝒄𝒐𝒎𝒑𝒍𝒆𝒕𝒂𝒎𝒆𝒏𝒕𝒆,
𝒑𝒆𝒓𝒐 𝒄𝒐𝒏𝒇𝒊ó
𝒆𝒏 𝒍𝒂 𝒑𝒂𝒍𝒂𝒃𝒓𝒂
𝒅𝒆𝒍 𝑺𝒆ñ𝒐𝒓.𝑺𝒖 𝒄𝒐𝒓𝒂𝒛ó𝒏
𝒆𝒔𝒕𝒖𝒗𝒐 𝒔𝒊𝒆𝒎𝒑𝒓𝒆
𝒂𝒃𝒊𝒆𝒓𝒕𝒐
𝒂 𝒍𝒂 𝒗𝒐𝒍𝒖𝒏𝒕𝒂𝒅
𝒅𝒆 𝑫𝒊𝒐𝒔.🌿 𝑷𝒂𝒓𝒂 𝒗𝒊𝒗𝒊𝒓 𝒉𝒐𝒚𝑬𝒏 𝒎𝒆𝒅𝒊𝒐
𝒅𝒆 𝒍𝒂𝒔 𝒊𝒏𝒄𝒆𝒓𝒕𝒊𝒅𝒖𝒎𝒃𝒓𝒆𝒔
𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝒗𝒊𝒅𝒂,
𝑺𝒂𝒏 𝑱𝒐𝒔é
𝒏𝒐𝒔 𝒆𝒏𝒔𝒆ñ𝒂
𝒂 𝒄𝒐𝒏𝒇𝒊𝒂𝒓
𝒆𝒏 𝒍𝒐𝒔 𝒑𝒍𝒂𝒏𝒆𝒔
𝒅𝒆𝒍 𝑺𝒆ñ𝒐𝒓.𝑺𝒖 𝒔𝒊𝒍𝒆𝒏𝒄𝒊𝒐
𝒏𝒐 𝒇𝒖𝒆 𝒗𝒂𝒄í𝒐,
𝒔𝒊𝒏𝒐 𝒍𝒍𝒆𝒏𝒐
𝒅𝒆 𝒇𝒆
𝒚 𝒐𝒃𝒆𝒅𝒊𝒆𝒏𝒄𝒊𝒂.🌿 𝑷𝒂𝒓𝒂 𝒗𝒊𝒗𝒊𝒓 𝒉𝒐𝒚𝑬𝒏 𝒆𝒔𝒕𝒂 𝑪𝒖𝒂𝒓𝒆𝒔𝒎𝒂
𝑫𝒊𝒐𝒔 𝒏𝒐𝒔 𝒊𝒏𝒗𝒊𝒕𝒂
𝒂 𝒗𝒊𝒗𝒊𝒓
𝒄𝒐𝒎𝒐 𝑺𝒂𝒏 𝑱𝒐𝒔é:𝒄𝒐𝒏 𝒉𝒖𝒎𝒊𝒍𝒅𝒂𝒅,
𝒄𝒐𝒏 𝒄𝒐𝒏𝒇𝒊𝒂𝒏𝒛𝒂
𝒚 𝒄𝒐𝒏 𝒖𝒏 𝒄𝒐𝒓𝒂𝒛ó𝒏
𝒅𝒊𝒔𝒑𝒖𝒆𝒔𝒕𝒐
𝒂 𝒔𝒆𝒈𝒖𝒊𝒓 𝒔𝒖 𝒗𝒐𝒍𝒖𝒏𝒕𝒂𝒅.🌿 𝑷𝒂𝒓𝒂 𝒗𝒊𝒗𝒊𝒓 𝒉𝒐𝒚𝑪𝒐𝒏𝒇𝒊𝒂𝒓 𝒎á𝒔
𝒆𝒏 𝒍𝒂 𝒑𝒓𝒐𝒗𝒊𝒅𝒆𝒏𝒄𝒊𝒂
𝒅𝒆 𝑫𝒊𝒐𝒔.𝑬𝒔𝒄𝒖𝒄𝒉𝒂𝒓 𝒔𝒖 𝒗𝒐𝒛
𝒆𝒏 𝒆𝒍 𝒔𝒊𝒍𝒆𝒏𝒄𝒊𝒐
𝒅𝒆𝒍 𝒄𝒐𝒓𝒂𝒛ó𝒏.𝑰𝒎𝒊𝒕𝒂𝒓 𝒍𝒂 𝒇𝒆
𝒚 𝒍𝒂 𝒇𝒊𝒅𝒆𝒍𝒊𝒅𝒂𝒅
𝒅𝒆 𝑺𝒂𝒏 𝑱𝒐𝒔é.🙏 𝑶𝑹𝑨𝑪𝑰Ó𝑵𝑺𝒂𝒏 𝑱𝒐𝒔é,
𝒉𝒐𝒎𝒃𝒓𝒆 𝒋𝒖𝒔𝒕𝒐
𝒚 𝒇𝒊𝒆𝒍 𝒔𝒆𝒓𝒗𝒊𝒅𝒐𝒓
𝒅𝒆 𝑫𝒊𝒐𝒔,
𝒆𝒏𝒔éñ𝒂𝒏𝒐𝒔
𝒂 𝒄𝒐𝒏𝒇𝒊𝒂𝒓 𝒔𝒊𝒆𝒎𝒑𝒓𝒆
𝒆𝒏 𝒍𝒂 𝒗𝒐𝒍𝒖𝒏𝒕𝒂𝒅
𝒅𝒆𝒍 𝑺𝒆ñ𝒐𝒓.𝑷𝒓𝒐𝒕𝒆𝒈𝒆 𝒏𝒖𝒆𝒔𝒕𝒓𝒂𝒔 𝒇𝒂𝒎𝒊𝒍𝒊𝒂𝒔
𝒚 𝒈𝒖í𝒂𝒏𝒐𝒔
𝒉𝒂𝒄𝒊𝒂 𝑱𝒆𝒔ú𝒔.𝑨𝒎é𝒏.
GLORIOSO PATRIARCA SAN JOSÉ, PATRÓN Y CUSTODIO DE LA IGLESIA
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Solemnidad de san José, esposo de la bienaventurada Virgen María, varón justo, nacido de la estirpe de David, que hizo las veces de padre al Hijo de Dios, Cristo Jesús, el cual quiso ser llamado hijo de José y le estuvo sujeto como un hijo a su padre. La Iglesia lo venera con especial honor como patrón, a quien el Señor constituyó sobre su familia.Las fuentes biográficas que se refieren a san José son, exclusivamente, los pocos pasajes de los Evangelios de Mateo y de Lucas. Los evangelios apócrifos no nos sirven, porque no son sino leyendas. “José, hijo de David”, así lo llama el ángel. El hecho sobresaliente de la vida de este hombre “justo” es el matrimonio con María. La tradición popular imagina a san José en competencia con otros jóvenes aspirantes a la mano de María. La elección cayó sobre él porque, siempre según la tradición, el bastón que tenía floreció prodigiosamente, mientras el de los otros quedó seco. La simpática leyenda tiene un significado místico: del tronco ya seco del Antiguo Testamento refloreció la gracia ante el nuevo sol de la redención.El matrimonio de José con María fue un verdadero matrimonio, aunque virginal. Poco después del compromiso, José se percató de la maternidad de María y, aunque no dudaba de su integridad, pensó “repudiarla en secreto”. Siendo “hombre justo”, añade el Evangelio -el adjetivo usado en esta dramática situación es como el relámpago deslumbrador que ilumina toda la figura del santo-, no quiso admitir sospechas, pero tampoco avalar con su presencia un hecho inexplicable. La palabra del ángel aclara el angustioso dilema. Así él “tomó consigo a su esposa” y con ella fue a Belén para el censo, y allí el Verbo eterno apareció en este mundo, acogido por el homenaje de los humildes pastores y de los sabios y ricos magos; pero también por la hostilidad de Herodes, que obligó a la Sagrada Familia a huir a Egipto. Después regresaron a la tranquilidad de Nazaret, hasta los doce años, cuando hubo el paréntesis de la pérdida y hallazgo de Jesús en el templo.Después de este episodio, el Evangelio parece despedirse de José con una sugestiva imagen de la Sagrada Familia: Jesús obedecía a María y a José y crecía bajo su mirada “en sabiduría, en estatura y en gracia”. San José vivió en humildad el extraordinario privilegio de ser el padre putativo de Jesús, y probablemente murió antes del comienzo de la vida pública del Redentor.Su imagen permaneció en la sombra aun después de la muerte. Su culto, en efecto, comenzó sólo durante el siglo IX. En 1621 Gregorio V declaró el 19 de marzo fiesta de precepto (celebración que se mantuvo hasta la reforma litúrgica del Vaticano II) y Pío IX proclamó a san José Patrono de la Iglesia universal. El último homenaje se lo tributó Juan XXIII, que introdujo su nombre en el canon de la misa.Glorioso Patriarca San José, Patrón y Custodio de la Iglesia Universal, terror de los demonios, abogado del Purgatorio y de la buena muerte, ruega por nosotros y por el mundo entero.
Momentos fuertes, situaciones difíciles, lágrimas, desespero... Está bien sentir, llorar, pero no olvidemos que Dios siempre marca la diferencia en nuestra vida, así que:Te doy gracias, Yahvé, de todo corazón, por haber escuchado las palabras de mi boca. En presencia de los Ángeles tañeré en tu honor, me postraré en dirección a tu santo Templo. Te doy gracias por tu amor y tu verdad, pues tu promesa supera tu renombre. El día en que grité, me escuchaste, aumentaste mi vigor interior. Si camino entre angustias, me das vida, ante la cólera del enemigo, extiendes tu mano y tu diestra me salva. Yahvé lo hará todo por mí. ¡Tu amor es eterno, Yahvé, no abandones la obra de tus manos!
Salmo 138: 1-3, 7-8
SEMILLA AGUSTINIANA
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¡Oh Pablo! Mantuviste la fe; es verdad. Para comenzar, ¿qué fe? ¿La que tú mismo te diste? ¿Es falso lo que dijiste: Igual que Dios distribuyó a cada uno la medida de su fe? ¿No eras tú quien, dirigiéndote a ciertos compañeros de combate que se esforzaban y corrían contigo en el estadio de la vida, les decías: A ustedes les fue concedido en servicio de Cristo..? ¿Qué les fue concedido? No sólo creer en él, sino también sufrir por él. Ambas cosas le fueron otorgadas: creer en él y sufrir por él ( Serm 297,6).P. Juan A. Cardenas
PALABRAS DEL SANTO PAPA FRANCISCO (Mt 1, 16.18-21.24a)
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La lectura del Evangelio de hoy presenta una situación humanamente incómoda y contradictoria. José y María están prometidos; aún no viven juntos, pero ella está embarazada de un niño por la gracia de Dios. Ante esta sorpresa, José se siente naturalmente perturbado, pero en lugar de reaccionar impulsivamente y con resentimiento, busca una solución que respete la dignidad e integridad de su amada María. Por lo tanto, con gran sufrimiento, decide separarse de ella sin causar escándalo. Pero el Ángel del Señor interviene para decirle que la solución que había imaginado no es la que Dios desea. En ese momento, José confía plenamente en Dios, obedece las palabras del Ángel y recibe a María. Fue precisamente esta confianza inquebrantable en Dios la que le permitió aceptar una situación humanamente difícil y, en cierto sentido, incomprensible. Con fe, José comprende que el niño concebido en el vientre de María no es su hijo, sino el Hijo de Dios, y que él, José, será su tutor, asumiendo plenamente su paternidad terrenal. El ejemplo de este hombre manso y sabio nos invita a alzar la mirada y mirar más allá. Se trata de recuperar la sorprendente lógica de Dios que, lejos de cálculos pequeños o grandes, se basa en la apertura a nuevos horizontes, a Cristo y a su Palabra. (Papa Francisco, Ángelus del 22 de diciembre de 2019)